Gritos, frases escritas, versos en ritmo, puños en alto, rostros de furia, impotencia y desazón. Miles de consignas se unen del Ángel de la Independencia para continuar dejando huella por el sendero de los "champs elysees" mexicanos, hasta el Zócalo de la ciudad de México. Y así lo hacen en protesta también en Guadalajara, Hermosillo, Querétaro y la convocatoria llega hasta Londres. Un performance frente a la embajada de México, lágrimas ante el discurso y un ataúd, que lleva dentro, la democracia mexicana. Masiosare, un extraño enemigo...
Pancartas mirando al cielo, con la utopía en las manos.
Impotentes marchan, continúan, se detienen, miran, con la infancia comprometida.
Sus ojos inocentes hablan de la curiosidad, de una pérdida de comprensión, de una tristeza heredada.
Vuelven a ver, a leer, a fruncir el ceño y permanecen.
Así; niños, jóvenes, ancianos, bebés, músicos, payasos, intelectuales, políticos, indígenas, periodistas, comediantes, estudiantes, sindicalistas, religiosos e incluso extranjeros, caminan y se unen al afluente de la protesta, de las consignas, de los cantos.
Lo impresionante
La unión. La cantidad de mantas y carteles danzando al ritmo de un latido, que puede imaginarse, desde lo alto en el mapamundi: México. Sístole, diástole, sístole, diástole. Diez de cada diez personas tenían en sus manos, en su piel o en sus voces una consigna ingeniosa.
"Hay derrotas,
que tienen más
dignidad que
la victoria"
ESTUDIANTES ENOJADOS
Bolsas de soriana,
cubrieron las cabezas
de los revolucionarios
y los insurgentes que
yacen erguidos en
Paseo de la Reforma
Lo afortunado
El espacio. Desfogar la impotencia, extirpar de a poquito el coraje. Y se hizo en muchos y diferentes idiomas. Así; amigos de Ucrania, Pakistán, Honolulu y Timbuctú, sabrían del fraude que aqueja a los mexicanos. Llegaría el mensaje de que; el Presidente de telenovela de México, en palabras de Elena Poniatowska, no es legítimo. La búsqueda del apoyo de la comunidad internacional para el "no reconocimiento" del impostor.
REALIZACIÓN DE CARTELES
La tristeza que emanó de las calles del Centro Histórico la tarde del día 7 de julio del 2012 se convertía en fuerza e ideología. Los pasos eran certeros y los gritos llevaban la convicción impresa.
De cualquier forma, las emociones se volcaron a satisfacción de haber estado ahí, de haber presenciado y sido parte de un acto histórico. Los gritos se iban apagando, las huellas quedaban tatuadas en la memoria y los carteles desaparecían, incluso el que destacaba: "rico tepache", en medio de las consignas, y que vendía su elixir entre la multitud acalorada y sedienta.
El sol es menos común hoy que otros días. No
consigo despegar la mirada de tu sombra, mis palabras de tu discurso, mis manos
de tu ternura.
Las nubes me dan un aviso suave
en el preludio a una tormenta, caen sobre mis hombros desnudos las primeras
gotas, las manos en los bolsillos de los jeans que arrastran un poco las
pequeñísimas rocas ya un poco húmedas y rojizas que delinean el camino de ese
amplio jardín que colorea la entrada del Centro Nacional de las Artes. La noche
cae de la misma forma en que caía aquella vez que nos tendimos sobre esa cama
de naturaleza fresca y seca, un día en aquel otoño, pero esta vez las aves no
cantan, los enamorados huyen de la lluvia y me dejan desierta como un retrato.
La lluvia se enfurece y yo busco
aquel árbol que lleva tatuado en su espina dorsal nuestras iniciales, esas que
le duelen al tronco en su corteza, como duelen los kilómetros a nuestra
entereza. Las gotas de agua dulce se diluyen con la sal de mi rostro, pero su
furia no me detiene, ¡estaban naciendo las primeras lágrimas! Aquel octubre nos
tendimos a soñar, a inventar historias, a besar futuros, a desafiar a la calma.
Hoy las huellas en la grava son sólo un par que caminan al borde de la locura
por encontrar en el olvido la sustancia que da vida a la mirada que ya no
brilla.
Un rayo me despertó de esa
muerte, me encontró de rodillas al borde del alma, rumiando el dolor del vacío
y la soledad que no pusimos en los planes aquel otoño.
Hoy la vida narra un país en
guerra, violencia, elecciones, capos, víctimas, huracanes, sequía, exilios,
jóvenes haciendo historia, historia hecha de jóvenes, dioses que se
levantan a soñar con la pasión en las manos inyectada en las venas.
Y si viene
el triunfo de Peña Nieto “el copetón” y si el de “Chepina” o “el Peje”, nada
cambiaría en los titulares de mi dolor. Quisiera jurarte frente a este árbol,
que me habla con tu voz en el recuerdo que lleva tatuado. Quisiera decirte que
la cordura me explica la situación, que la felicidad me llega repentina al
caminar, que el tiempo me da la razón y nada estalla de nuevo en mi
certidumbre, pero le doy la espalda al árbol y empiezo a andar en un sentido
indefinido buscando alimentar la ilusión para el sol de mañana.
“Bobbo, tengo miedo,
tengo miedo de expresar mi historia, esa que vive aquí muy dentro de mí y que
es incapaz de salir con mi propia voz. Ayúdame Bobbo, tú que eres tan seguro y
tan mortal como yo, pero más espontáneo y poético”
Bobbo
nació el 10 de octubre de 1979 de la imaginación de su arquitecto Sergio Staino,
quién tiene 76 años de edad. Bobo es la caricatura más real y más ficticia, la
más ingenua y sensible. Y Sergio el caricaturista más reconocido de Italia,
quien lucubró las primeras ilustraciones desde niño. Sus dibujos, son el horizonte de
libertad que logra visualizar sólo cuando traza sobre una superficie lo que su fantasía
transporta al lapicero y, es con esa espontaneidad que, desahoga en sus diseños las
grandes historias y experiencias que le recuerdan a su extensa familia y
amigos.
Sergio
Staino nació en vísperas de la guerra, el 8 de junio de 1940. El 10 de junio
del mismo año, Italia entro en guerra y su padre fue convocado. Al regreso del señor Staino, en
1944, el pequeño ya tenía cuatro años, cuando empezó a dibujar. Era un niño muy
tímido. Su madre provenía de una familia campesina y su padre de raíces muy
pobres.
Su
mamá muy joven, de 22 años de edad, le leía los pocos libros de cuentos para
niños que tenían en casa y le ayudaba a copiar las ilustraciones de estos,
pintaba caballos, princesas, caballeros, reyes, y personajes de cuentos de
hadas. Tiempo después, el artista huyó de la miseria trabajando como policía en
el sur de Florencia, donde se conocieron sus padres.
El
dibujo se quedó en él, como un símbolo de protección y seguridad, dibujaba
siempre, cuando se sentía mal, nervioso, desesperado, con algún examen, una
enfermedad o la muerte de un ser querido, sólo buscaba papel y lápiz,
cualquier tipo de herramienta que pudiera utilizar para plasmar ahí esa
impotencia o frustración. Y era así como descargaba sus sentimientos y se
quitaba el peso negativo de encima. En el momento en que trazaba la primera
línea, toda la tensión desaparecía y fluía. Desde que descubrió esto, lo ha
practicado toda la vida, pero jamás pensó que podía llegar a ser su trabajo, su
esencia, su vida.
El
creador de Bobo, confesó en la entrevista realizada en la Feria internacional
del libro 2008: “El motor que mueve el
lápiz que sostengo cuando dibujo, es un estímulo, una idea, que después se
transforma en un acto creativo, en un dibujo, una música, cualquier obra debe
siempre salir de una sensación encerrada dentro de uno mismo. Creo también que
uno debe ver la realidad en donde está parado, y ubicarse en un justo medio, no
sólo vivir de ensueños pero tampoco quedarse sólo con las situaciones
rutinarias. Bobbo nació mirándome al espejo, uno de esos días en que la mente
se queda en blanco”. Cuando
aparece Bobbo, Staino a sus 39 años decide representar su vida con un personaje
autobiográfico, después nace también el diseño de su esposa Bruna y el de su
hija Hilaria, así como algunos amigos y personajes que marcaron su vida de
alguna forma.
Las
historias eran muchas; situaciones interiores, pensamientos, regresiones,
recuerdos amargos y experiencias positivas y simpáticas también. Sin desearlo
así Sergio encaminó a su personaje a representar también sus ideas políticas y
fue esto lo que más éxito le trajo en sus tiras cómicas y aunque al principio
fue un disgusto para él, pues sólo quería hacer caricaturas de experiencias
propias, la inercia lo dirigió hacia la lesionada y enviciada política que hubo en Italia
en aquel tiempo, y se vio obligado a plasmar sus ideologías e incluso publicar
en el partido comunista italiano. Cuando menos lo imaginó, ya se encontraba ahí, en los menesteres de la sátira política italiana, nada más y nada menos que
como el actor que escenifica, el más reconocido caricaturista Italiano.
El viejo y el niño ( English subtitles )
Encuentro de dibujos animados
Eduardo
del Rio, Rius y Sergio se conocieron en Cuba, en San Antonio de los Baños en
1989. Por alguna razón, los cubanos los trataron a ambos con mucha frialdad, y por esto, encontraron en ellos mismos una gentil compañía. En la misma feria, en el
Encuentro de Caricaturistas, donde Italia fue el país invitado de honor, el
caricaturista mexicano compartió; que los dos estaban muy desilusionados de
Cuba y su régimen, de su falta de democracia y por el bajo nivel de la sátira,
una sátira muy virgen y nada creativa. “Estar en esa situación juntos, nos unió
más y comenzó la amistad”, presumió.
Entre
las múltiples situaciones y características que comparten los dos artistas,
ambos están casados con mujeres latinoamericanas, fueron futbolistas en su
juventud y llegaron a ser parte del partido comunista, cada uno en su país de
origen. También es evidente que los dos padecen del mismo mal: Silvio Berlusconi,
el primer mandatario del país de Staino, quien tiene que ingeniárselas para
crear una sutil burla del representante de su nación en cada aparición pública.
Y Rius, que trabaja para la empresa editorial Random House Mondatori[1],
de la cual es dueño Berlusconi.
Un ambiente familiar
Su
esposa Bruna, de nacionalidad peruana, considera que conoce a Staino mejor que
nadie y cuando dibuja, le comparte sus sentimientos y sus frustraciones. Bruna,
sabe lo difícil que es para él sentirse presionado y es la forma en que ha
derramado al monstruo de la autocensura sobre sus producciones, lo cual “es el resultado de su experiencia de vida y
de su personalidad rebelde que contrajo de la anárquica Toscana donde fue
criado” dijo. Comentó que en el instante en que su esposo comienza a
dibujar se siente muy seguro de lo que está haciendo y no experimenta miedo ni
dudas en expresar cualquiera de sus trabajos. La censura que ha llegado a
sufrir es el hecho de que no lo publiquen en los periódicos donde ha trabajado.
Pero
sobre todo ha sido autocensura, el momento más triste y más difícil para el
caricaturista es publicar ideologías que van en contra de los principios de
cierto personaje inspirado en algún amigo suyo y, que luego, el antagónico le reclame.
Un
suceso interesante y el único que ha tenido, respecto a la censura, fue cuando
el propietario de una industria textil italiana muy importante, lo denunció a
causa de una publicación y llegó hasta el tribunal. Esta fábrica de ropa sólo
contrataba a mujeres y las condiciones laborales eran absurdas. La lucha duró
varios meses, entre protestas del sindicato y manifestaciones publicas. Sin
importar esto, el presidente de la republica le dio un reconocimiento al
propietario por “optimas” condiciones de trabajo, algo realmente incoherente.
Sergio hizo un diseño en el cual Hilaria (su hija) le preguntaba a Bobbo: -Papá,
pero ¿por qué el presidente ha premiado a esa carroña? (Carroña en Italia es una ofensa muy grave) Por esta
publicación le dieron al artista italiano, una multa de 100 mil liras, pero él en defensa a esto, dijo que en su región de la Toscana y en su familia no era
ofensivo; que incluso ya ha utilizado varias veces la misma palabra en otros
diseños. Además demostró que realmente era el adjetivo que daban las obreras al
patrón. Le dio vuelta al caso presentando pruebas y testigos de las
condiciones a las que eran sometidas las trabajadoras. Y lo
absolvieron. Después se abrió otro caso en el que el juez interrogó al dueño
por todas las injusticias cometidas y se comprobó que realmente el propietario
era una “carroña”.
Sergio
es un hombre que se siente feliz y realizado, su hija Hilaria, orgullosa,
defiende: “Está lleno de una alegría que
se contagia y de infinitas experiencias que compartir, nunca se le acaban,
aunque a veces las repite y sólo le decimos mi hermano y yo, -papá esa ya la
conocemos-” . Además de sus caricaturas y la familia que formó y de la cual
está muy orgulloso, siempre le gustó cantar, aunque reconoce que lo hace muy
mal. Como buen artista también hizo cine, produjo dos películas, escribió una novela y dirigió
varios periódicos, así como en teatro que también estuvo a cargo de diversas
obras. Pero nada de esto supera su pasión por crear series cómicas. La
diferencia está en que para todas estas representaciones artísticas ha
necesitado la opinión de alguien más, y cuando traza los bosquejos de sus
caricaturas, no necesita que nadie más lo juzgue, él sabe perfectamente lo que
quiere plasmar y logra hacerlo sólo delineando lo que su mente le dicta.
"Un teatro pequeño / para un público grande"
La sombra de Bobbo
Actualmente
el periódico L’unità imprime
diariamente en sus páginas las vivencias de Bobbo convertidas en sucesos
políticos e injusticias, aunque ya no marca una tendencia como lo hacía cuando
nació el personaje de cartón animado, sólo critíca y hace una cómica burla de hechos
actuales.
Lamentablemente Sergio esta perdiendo la vista en una enfermedad
crónica y al mismo tiempo Bobbo pierde su consistencia y la vida. Ya comienzan
a faltarle líneas, se ve reflejado
en los trazos de los retratos. Ya no son tan sólidos. Pero esto para
Sergio no es una barrera, al contrario, será su jubilación y la continuación
para disfrutar su vida y a su familia que está próxima a crecer, pues, su hijo
le concederá en este año a su primer nieto.
Dario
Honorat, un joven italiano de la ciudad de Firenze de 32 años, es escritor de
cuentos y poesía. Fue a tocar en el año 2008, la puerta de la casa de Sergio
Staino. Bruna, su esposa, abrió. El joven, solicitó trabajo a la dama que
estaba parada frente a él. Y le dieron el mejor trabajo que ha tenido, confiesa
Dario. “Ser los ojos de ese hombre lleno de vida, más vida que cualquier adolescente, casi como un niño, me contagió con sus historias y conseguí lo que buscaba acercándome a la
familia, me dieron el trabajo de guiar sus pasos, estar a su lado y ayudarle a
que su vista borrosa fuera cada vez más clara. Yo describía imágenes y él me contaba más
relatos, aventuras y fábulas que luego yo escribiría”. Dario, en entrevista
realizada por Internet, comentó también que Sergio no quería dejarlo ir cuando
decidió que ya había obtenido suficiente, pues en realidad se había convertido
en sus ojos. El escritor, comparte; “Sergio,
me dijo que tenía una sensibilidad especial, que sabía describir de manera
perfecta, me pidió que no lo dejara ciego nuevamente”
El
caricaturista italiano, aún no pierde la vista por completo. Para entregar sus
trabajos a l’unita, acerca sus ojos entusiastas, hambrientos de retos, a tan solo un par de centímetros de la hoja en
blanco y comienza con vehemencia y devoción a delinear su imaginación. Aún así, los trazos ya comienzan a
perder definición. Pero Sergio no tiene miedo. Quiere dar todo lo que posible, y
después, disfrutar a su familia y amigos.
“Bobbo se mira al espejo, el cual es una hoja en blanco, pero nunca le ha tenido miedo. Es común que suceda que la inspiración no llegue. Bobbo es valiente y enfrenta temerario trazando siempre con osadía la primera línea”
[1] Empresa editorial con más de 13 sellos distintos que distribuye y
exporta sus títulos a más de 45 países.
Y es que las corrientes vuelven y se alejan todo el tiempo. La escuela de Platón discípulo de Sócrates, por ejemplo, parece reincorporarse con las tendencias en busca de un “Estado Ideal” por medio de una danza eterna entre ideas de aristocracia, democracia, monarquía, y hasta coqueteando de vez en cuando con la tiranía.
Quizá también lo fue en la película El artista, una apología histórica que resucita casi un siglo de entretenimiento evocando el año 1929 y dejando caer la experiencia de su peso sobre una balanza que tiene como oponente el año 2012, con todo y su cuarta dimensión, asientos que se mueven y chorritos de agua.
Y es que en aquella época, el cine mudo, se convirtió en un espectáculo del que mis contemporáneos, lectores jóvenes y bellos, no pudimos gozar, dada la imposibilidad de adaptar cientos de orquestas en cada una de las tres mil 197 salas de cine que existen en México, según un estudio publicado por ACNielsen en el 2006. Lo más cercano a la sinfonía en vivo es esta moderna cinta filmada a la antigüita pero con herramientas más flamantes que obsoletas.
Lo cierto es que con este tentador y premiado largometraje, las modas de los abuelos volvieron al escenario, mientras otras generaciones se despiden.
Entre tributos de carcajadas, bostezos, lágrimas, apretón de manos y un verdadero cúmulo de emociones, las pocas palabras que se escapan al silencio de la incertidumbre de aquel lío, son justamente las necesarias. Una muestra de aquella frase sabia de Elaine Saint James;
“Es asombroso cuánto puede uno oír cuando nadie está hablando”
¡Sí que lo es!
Y si bien es cierto que el tiempo nos burla antes de poder nosotros reírnos de él, Jean Dujardin se lleva el premio Cannes a mejor actor sin fallas artísticas de humor ni de vestuario, aún siendo inquilino del siglo XX. Pero quién realmente merece el homenaje, además del área de fotografía, es el perfectamente bien amaestrado perro protagonista (sin nombre) que además de tener el privilegio de compartir la mesa con Barack Obama, coleccionó los tiernos ¡ahhh! del público conmovido. Tal vez fue él que decidió rodar en blanco y negro para no tener que forzar su vista perruna.
Simula un retorno a la era silente en las salas, es la ganga del año, un viaje en el tiempo con todo y sus defectos, de olvidar un poco el sonido estéreo, efectos especiales, navegadores de red, luz pulsada y volver 100 años para parodiar a los espectadores de aquel tiempo, emocionados, desesperados, intrigados y satisfechos de haber conocido al imitador de Charles Chaplin , mejor conocido como Charlot, en una caracterización impecable, de un Jorge Negrete en el siglo XXI con este, me permito predecir, ya un clásico del Cine Internacional, facsímil de otros clásicos. Refrito de refrito dirían los muy exigentes críticos, pero bastante bien elaborado.
Y ahí estaba Miguel vestido frente al espejo con su moderno delantal. En la cama reposaba María el desayuno. Luego el temblor sacudió ese pensamiento que los unía todas las mañanas con el record de "52 años de casados" galardonado con tres hijos y trece nietos.
Cinco décadas y dos años atrás habían acordado en el altar que él prepararía el desayuno, pero ella cocinaría la cena. Acostumbraban cenar a las siete de la noche. Fue hasta que Miguel enfermó y el gastroenterólogo le prohibió las cenas. Todas las mañanas se preguntaba por qué su mujer no podía ayudarle con el desayuno, pero nunca se lo dijo. Ella al contrario pensaba, dando gracias, sobre la generosidad de su esposo, pero tampoco nunca se lo dijo a Miguel.
Ese día frente al espejo, inamovible, Miguel lleno de rencor se resignaba mientras María lo jalaba de un brazo, tratando de convencerlo de salir a un lugar seguro. Él no escuchaba. Ensimismado volteó y le dijo; -Mujer, prométeme que de ahora en adelante me ayudarás a cocinar el desayuno.
Ella con lágrimas en los ojos comenzó a convulsionarse por el susto de ver los cristales romperse, las columnas colapsarse y escuchar cómo gruñía la casa. Pero no quiso dejar a Miguel. Sus hijos ya adultos estaban por quedarse huérfanos cuando Miguel reaccionó y abrazó a su mujer que ya estaba sufriendo un infarto.
-María no me dejes, prometo no romper ese juramento que te hice frente al altar.
Segundos después una viga de madera cayó sobre ellos. Cumpliéndose hasta la muerte su promesa después de 52 años.
SOÑABA QUE DORMÍA Y EN MI SUEÑO RECORDABA....
...Una noticia que leí el día anterior, sobre el descubrimiento en Mantúa, Italia de los restos de una pareja que yacía desde hacía más de cinco mil años abrazados y el temblor que me sacudió de la cama fueron ambas las circunstancias evocadoras de mi sueño.
La imagen impactaría a cualquier enamorado primerizo que dijera amar a su motor de vida.
Y es que, los huesitos metacarpianos, parecían tejer un idílico corazón con sus brazos calavéricos y acariciándose mutuamente la clavícula y el omóplato, lograban transmitir una enteañable sensasión de empatía a los arqueólogos que hallaron sorprendidos, ilusionados y orgullosos la escena dramática como si hubiesen encontrado restos de felinos bicéfalos extintos con la Atlántida.
Mi sueño me evocó una escena de ancianos, pero los expertos aseguraron que eran jóvenes por el impecable estado de sus dientes. Quizá porque mi hemisferio izquierdo no alcanzó a retratar las perfectas mandíbulas y sólo delineó la posición de los restos que ya eran escasos para ornamentar la historia.
Los amantes de Valardo, inspiraron también la melódica y melosa composición de Pedro Guerra "5 mil años".
Hoy leí también bastante sobre los trovadores de protesta de los años cincuenta y terminé escuchando "Il fiume di sand creek" de Fabrizzio di André, que narra la historia de los niños y mujeres que duermen en el fondo del rio Sand Creek; por causa de una evidente muestra de discriminación racial a los más de 500 indios Cheyennes asesinados el 29 de noviembre de 1864 que acampaban a un costado de Colorado cuando llegó un siamés de Hittler, el Coronel John Chivington gritando "Maldito aquel que simpatice con los indios, he venido a matar indios!
Desde siempre la música y la historia han tomado el te en la misma esquina y se encuentran a cada vuelta del año sin necesidad de que sea bisiesto.
Les deseo sueños de oro, amorosos leyentes, y que nos escarapele de nuevo el alba.
"Siendo todas las partes causadas y causantes, ayudadas y ayudantes, mediatas e inmediatas, y siendo que todas se mantienen entre sí por un vínculo natural e insensible que une a las más alejadas y más diferentes, tengo por imposible conocer las partes sin conocer el todo, así como también conocer el todo sin conocer singularmente las partes".
Pascal
Una noche en la Arena México
La famosísima Arena México, el sueño de muchos niños que han tenido oportunidad de seguir a través de la televisión sus últimas transmisiones que son cada vez más frecuentes. La televisión hace su trabajo, no es difícil cultivar un fanatismo en los pequeños, con ayuda de esas violentas imágenes. Siete de diez niños cuestionados, que asistieron a las luchas el día viernes 8 de enero en la Arena México, quieren ser luchadores de grandes. Teniendo en cuenta por supuesto que la pregunta se les hizo en el lugar y que influye mucho, por lo mismo es una estadística parcial. La forma en que un adulto y un niño percibe el espectáculo de las luchas, tiene una distancia enorme.
Juan Figueroa tiene nueve años y es la primera vez que visita el gran “ring”[1] de la Arena México, escenario de acrobacia y pantomima, donde también suelen aparecen golpes espectaculares.
Cuando las luchas comenzaron, presumían tener más libertad, ya que sólo acudía gente de bajos recursos y tenían costumbres más arrabaleras, que se han perdido y que eran muy características, como llevar una bolsita llena de patitas de pollo para aventar al cuadrilátero cuando la lucha se tornaba negativa, según el espectador, el analítico juez que desaprobaba con sus patitas de pollo. Actualmente es mucho más popular y es más conocido este espectáculo al que acuden tanto hombres como mujeres.
Movimiento fuera de la arena
La función comienza desde afuera, las calles en los alrededores llenas de autos, y desesperados los conductores tocan el claxon creyendo que así se despejará el camino, los “selocuido’s” [2], gritando fuertemente “¡se lo cuido, se lo cuido!”, tratando de ganarle los clientes al vecino. En las banquetas se deja un espacio de un metro para que la gente pase impidiendo un flujo rápido de personas. En los puestos se venden máscaras, playeras, vasos, plumas, acompañadas de un “¡llévele, llévele!” y un “¡pásele, pásele!”. Los niños parecen saber exactamente de quien es cada máscara expuesta, pues sin dudarlo las piden diciendo, “yo quiero la de Atlantis” o la del Místico.
Los revendedores, con un aire desesperado ofrecen sus boletos con la mentira de que “ya no hay boletos en taquillas” ganándole desde 10, 20 o hasta 30 pesos a cada boleto. La gente que conoce el movimiento va directo a taquillas,y si no encuentran, ellos mismos se acercan a los mitómanos que ya saben perfectamente a quien venderle sus pases para presenciar la grande escena que se da sobre el cuadrilátero cada noche de martes, viernes o domingo (con sus excepciones).[3] Estos personajes característicos se mezclan entre la gente que está ansiosa por tener un lugar dentro del show, algunos de los revendedores con un característico hedor alcohólico que los sigue como una sombra pesada, intentan, a como de lugar, una venta más con sus frases no muy convincentes: “¡ándele seño!, es más bara que en taquilla, mire, aquí tengo los precios. Es más, pásele y ya que esté en su asiento le llama a su compa pa’ que me los pague”.
Son hombres viejos, desesperados, pareciera que si no venden no comen, pues venden hambrientos, mintiendo y usando sus técnicas persuasivas sin mucho estilo y a toda costa. La única forma en que consiguen que les compren es tocando el hombro o el brazo de sus futuros compradores, quienes con tal de alejarse de ellos y de su penetrante aroma, terminan pagando el boleto.
Las gorditas y quesadillas llenas de grasa en las esquinas no pueden faltar, también es un peculiar olor, característico en los alrededores, así como los esquites y los elotes con mayonesa y queso.
En la actualidad, parece ser más seguro, cruzando por toda la acera y llegando hasta la entrada, están los policías, quienes proponen dos filas de mujeres y dos de hombres con unos 10 individuos en cada fila ansiosos por entrar, ya a cinco minutos del primer round de la primera lucha.
Cuando entra el espectador, se le “pasa báscula” y se arriesga a que le roben, “los guardias de seguridad” meten la mano en todos los ángulos de la mochila o bolsa que lleve uno consigo. No se permite pasar alimentos ni cámaras fotográficas ni de video. Por lo tanto, existe un cubículo especial para dejar las cámaras, las cuales son guardadas en bolas de plástico y le dan al usuario del “guarda cámaras”, un trozo de cartulina con un número que refiere a donde la máquina fue recluida. Pero los candados de la entrada parecen ser ficticios, ya que dentro se pueden observar “flashazos” del público hacia el escenario que quieren llevarse un recuerdo. Posteriormente, se suben unas escaleras que en dos tramos llegan a un pasillo curvo que da la vuelta al lugar. Aquí están ubicados los locales con comida y bebidas[4], así como los baños, cuatro baños de hombres y cuatro de mujeres distribuidos en todo el círculo del pasillo.
La entrada a la arena
Al entrar algunos acomodadores están dispuestos a mostrar el lugar de los asientos con el apoyo de unas linternas, a cambio de una propina. La iluminación es completamente hacia el cuadrilátero y las tres anchas ligas que lo delinean. Cuatro o cinco mujeres salen antes del comienzo de cada lucha anunciando el inicio de la misma, mueven sus caderas y mandan besos a las cámaras que recorren sus cuerpos semidesnudos provocando y mostrando una cara más del espectáculo, los hombres en las butacas. Con los ojos fijos a las pantallas que maximizan ese banquete, se ven danzar sus pupilas al ritmo en que las cámaras suben y bajan por los cuerpos de estas modelos. Las mujeres del público también con un dejo de envidia, intentan sin conseguirlo distraer a sus seducidos hombres. También ellas recorren esos cuerpos, desaprobando con sus comentarios en forma de crítica. Luego salen uno a uno los luchadores con una presentación “escandalosa” bajando una escalinata y luciendo sus trajes de reyes, trajes de los cuales van a prescindir en el “ring” para luchar más cómodos.
Es una oportunidad, para la publicidad, que no se pierde. Anuncios de todo tipo aparecen en las pantallas gigantes, intercaladas con imágenes de luchas pasadas para no perder la atención del público. Los vendedores hacen también su aparición, “¿qué le damos joven?”, “¡mirinda y “esprait”!, ¿cuántos, cuántos?”. Algunos de ellos saben muy bien como acercarse a los niños, quienes reaccionan rápidamente, “¡mamá, me compras?”
Los reporteros corren de un lado a otro con sus pesadas cámaras de video tratando de tener la mejor toma de los luchadores, las modelos o del mismo público. El folclore inicia desde antes de que la primera chica salga modelando la cartulina en la que se lee: “¡primer round!”
Las luchas
En la presentación, intervienen los rudos en una esquina, un equipo que más que acrobacias y espectáculo artístico con el cuerpo, son agresivos, toscos y como su nombre lo indica, rudos. Y, por otro lado, los técnicos, quienes apantallan al público con una serie de saltos sorprendentes y una técnica de golpes, esquivando los del enemigo. Son ligeros en sus movimientos y aparentemente consiguen ser los favoritos de la mayor parte del público. La euforia va en crescendo, de menos a más, cada lucha es más intensa que la anterior y el ambiente va a la par. Al principio los saltos son menos espectaculares, los luchadores son menos conocidos y más panzones que musculosos. Y así, poco a poco hasta llegar a la lucha final, al cenit, al duelo que todos esperaban, el cual no es precisamente un duelo porque hay más actores pero generalmente son dos enemigos los principales.
Uno de los saltos más llamativos y que todos disfrutan mucho es cuando los luchadores suben a una esquina y dan un salto y se dejan caer con todo su peso sobre el enemigo que se encuentra fuera del cuadro principal. Lo más espectacular y peligroso también es cuando caen cerca del público, seguido se ve que caigan sobre el enemigo y así los dos se tambalean hacia la gente cayendo sobre sus pies o piernas.
Un detalle importante es la máscara, los niños explican que es lo más valioso para un luchador, ya que recuperarla es muy difícil y cuando son despojados de ella por el enemigo, se puede observar en el rostro de estos pequeños un sufrimiento enorme, como si les estuvieran robando algo suyo. En ocasiones, dice Miguel, vendedor esporádico del lugar, los niños lloran cuando esto sucede.
Vencedores y vencidos
Psicologicamente se da un golpe bajo a los pequeños. Los adultos (aunque no todos) tienen la consciencia de que está todo arreglado, que es pantomima, teatro, un evento que antes de presentarse, se decidió quien ganaba y quien perdía. Pero, es un golpe fuerte sobre todo para aquel que debe ser el cobarde.
Los golpes calientan la mente y los puños de quién está en acción buscando venganza en su turno, pues las agresiones en ocasiones son más severas de lo que se tenía planeado, y es así que el afectado busca venganza, pero, cuando toca reprimir ese coraje y pasar a ser el cobarde en escena, se reprime también una emoción que necesita de inteligencia. Se puede atribuir al personaje una etiqueta que, quizá, él pudo haberse quitado con un solo golpe pero, tendrá que resignarse.
El público reacciona inmediatamente en cuanto se determina un ganador y un perdedor. Los gritos se expanden por todas las gradas y las luces blancas giran iluminando a los espectadores, quienes son capturados por la cámara infraganti y mostrados en la pantalla grande del centro justo en el momento en que expresan su alegría o enojo.
Reacciones
Los niños, los adultos, los jóvenes y los ancianos tienen evidentemente una forma diferente de apreciar el show. El espectáculo está ahí, en el público. Los antagonistas, los niños, se transforman poco a poco en el personaje principal. Es todo un objeto de estudio. El principal objetivo de las luchas es un mal entendido. ¿Entretener? El sentido entre violencia y entretenimiento se confunde y se pierde, mientras el entretenimiento se hace ficticio, la violencia es cada vez más real. No cabe duda sobre la indexicalidad del asunto.
Las muecas de los niños que gritan afanosamente, denotan un corazón roído por tanta violencia y lleno de rencor reprimido. Hubo un niño que se ganó la atención de todos los espectadores que alcanzaban a escucharlo, no paraba de gritar con mucha euforia y con groserías demostraba su coraje cuando derrumbaban a alguno de sus preferidos, los técnicos. Consignas como: “¡párate pendejo, párate!”, “¡no seas mamón!”, “¡pinche perra, te vas a morir!” entre otras, salían de su tierna boquita de aproximadamente 6 o 7 años de vida con un aprendizaje que se jactaba de ser violento por su comportamiento mostrado esa noche.
Y así como él muchos otros niños no se sientan en todo el tiempo que dura el espectáculo de acrobacias y golpes, los rostros infantiles escondidos tras la sombra delsupuesto misterio que se intenta inculcar a los espectadores pero, que no se consigue en su totalidad, en los inocentes niños sí. Con los puños cerrados, los dientes apretados, ceño fruncido y con todo el coraje de sus aún jóvenes corazones, temblorosos se mecen hacia donde sus ojos esten atacando. Parecen ser ellos mismos quienes manejan con la mirada a los luchadores y, cuando los actores logran un golpe de victoria, los pequeños gritan como si ellos mismos sintieran cómo se hunden sus manitas en el voluminoso cuerpo de aquellos musculosos hombres, bizarros, físico-culturistas, saturados de extraños relieves en todo su pesado cuerpo. Pero si al contrario, el ataque es a sus preferidos, se percibe cómo sus rostros se van llenando de un rencor incontrolable y de una impotencia inútil, pues es difícil que se den cuenta sin que alguien les explique la diferencia entre realidad y ficción.
Los ancianos, con la misma pasión de toda la vida también repiten, aunque menos expresivos, las reacciones de los niños, son fanáticos, personas que desde jóvenes han convivido con estas prácticas, en sus gestos un poco más reprimidos, parecen disfrutarlo. Los adultosy los jóvenes son más realistas aunque siempre hay reacciones inesperadas como un grito demasiado llamativo de señoras, o el llanto tanto de hombres como de mujeres
Públicos
El público es tan variado como las sorpresas de cada noche. En una apreciación rápida, el 20% son turistas tanto nacionales como internacionales, la asistencia de infantes ha aumentado gracias a la difusión televisiva de cada lucha[5], actualmente es difícil que un niño no haya visto alguna vez una transmisión, aunque sus padres se lo prohíban.
Las butacas más baratas[6] son ocupadas por aficionados de bajos recursos. Mientras las más caras y más cercanas a la escena de acción porlos que tienen mayor posibilidad. Seguido se ven personajes famosos, fanáticos de estos eventos, que asisten ocasionalmente cuando sus favoritos tienen combate.
La clase media también alcanzó un lugar, más por moda que por otra cosa fue que llegaron a las butacas de la Arena México, y así como todos los tipos de público, es fácil contagiarse del apasionado ambiente que se vive dentro y donde desaparecen las clases sociales. Las “víctimas” más susceptible a creer todo el teatro que se presenta, es el vulgo y el publico infantil.
Conclusiones
El pueblo de México, así como cualquier otra comunidad necesita de este tipo de distracciones. Las luchas, son una forma más de entretenimiento, una catarsis para las preocupaciones del pueblo, pero paradójica. La violencia que se inyecta a los niños es sin duda un elemento que debe tratarse con delicadeza. En los últimos años se puede observar que los niños tienen más contacto, a través de la televisión, las imágenes, dibujos o los famosos tazos[7]que vienen de obsequio dentro de las papas fritas. Es un fenómeno interesante, y aunque siempre se ha visto la violencia en distintas representaciones, como caricaturas, programas televisivos y teatrales, las luchas, parecen tener una cercanía más notoria en esta generación.
Es un tema muy amplio que pudiera estudiarse desde varios ángulos y que incluso puede ser muy completo para una tesis. En psicología se ha estudiado, es un fenómeno que tiene que ver mucho con la moda y factores sociales que se inclinan cada vez más a este tipo de eventos.
[1]Antiguamente, el ring por su nombre en ingles, aro en español, tenía una forma redonda, y es así que el nombre perduró y sigue siendo llamado así.
[2]Forma coloquial de llamar a los cuidadores de autos en las calles
[4]Palomitas, cacahuates, papas, refrescos, cerveza, etc.
[5]Transmisión por TV abierta en los canales 9, 28 y 52. Y televisión por cable en los canales; Galavisión y FOX Sports, entre otros.
[6]Según comenta Don Silviano, revendedor desde hace ya tres años, los precios varían y depende también quien esté esa noche en el cuadrilátero. El viernes 15, día del estudio, los precios estaban entre $300 y $40 en taquilla, participó “el místico” quién se llevó todos los aplausos de los espectadores en la lucha final por parte de los técnicos.
[7]Plásticos circulares con imágenes de dibujos animados o series televisivas, dependiendo de lo que esté de moda en esa temporada. Vienen de regalo en las papas Sabritas.