martes, 27 de mayo de 2014

Nota Roja pal’ Morbo



Por Surya Lecona Moctezuma
Ignacio Joaquín mira “Hotel Ruanda” la madrugada de hoy martes 27 de mayo. Un filme sobre el genocidio de 1994 en ese mismo país africano. Es la una de la mañana y de una manera muy romántica la película provoca que Ignacio derrame un par de lágrimas.

Uno de los reporteros protagonistas de la cinta consigue filmar la violencia perpetrada y se disculpa con el gerente del Hotel Milles por mostrar esas imágenes tan crudas frente a él, pero el gerente se lo agradece con la esperanza de que los videos lleguen al mundo entero y envíen ayuda. Tristemente el periodista se avergüenza y le responde que aún así, la gente estaría cómodamente del otro lado del mundo, harían un comentario de compasión y seguirían comiendo su cena. Ignacio se identifica.

En ese instante un estallido. Ignacio confunde el sonido con el de la película y continúa mirando la pantalla. El segundo, tercero y cuarto estallidos vienen como ráfaga y se escuchan más cercanos, es entonces que Ignacio gira la cabeza pensativo. Esos ruidos no son normales en su cuadra, una colonia tranquila entre las delegaciones Coyoacán e Iztapalapa en la Ciudad de México. El quinto estallido consigue que se levante del sillón e incrédulo sale a dar un vistazo a la calle.

El filme continúa corriendo, los Hutus y los Tutsis buscan sobrevivir en medio de una masacre que dejó más de un millón de decesos, pero esas imágenes se intercambian en las pupilas de Ignacio, jefe de vecinos de su colonia, por las de un auto en llamas en medio de la calle en la esquina de su cuadra. Instantáneamente, entra trastabillando a buscar el teléfono y llama a la policía, a los bomberos y a la ambulancia, sin saber aún qué sucede, pero sí con la adrenalina confusa entre el filme y aquella nueva imagen que no consigue creer. La guerra le había venido a domicilio, pensaba, un verdadero filme de terror. Ignacio alcanza a ver el temor y las súplicas de la gente en la pantalla y así mismo sale corriendo a golpear la puerta de su vecina para pedir que suene la alarma vecinal.

Las explosiones del auto continúan y  los vecinos comienzan a reunirse temerosos en la calle, ahora ya son dos autos ardiendo. Un joven corrió a mover una tercera camioneta que estaba a punto de absorber el mismo fuego. Las explosiones alternadas entre las exclamaciones de los vecinos “Uhh, ahh, dios mío”.

Ignacio reflexiona al ritmo de un hamster en su ruedita. No puede ser que llegasen los Hutus a su colonia, ¿estaría soñando? ¿Vendrían los Belgas a medir su nariz, a reprobar su color de piel, a verificar la autenticidad de la raza? Un poste de madera, de Teléfonos de México alcanza el fuego compartido por las camionetas en llamas. Y entonces sí, llegan los bomberos, quince minutos después. Es la calle Unicornio número tres, el edificio continuo al incendio, el dueño de la segunda camioneta Rodolfo Colín Villavicencio de cincuenta años se refugia con su familia al fondo del departamento número dos. No saben qué sucede, sólo alcanzan a ver las llamas altísimas afuera, y una columna de humo de unos treinta metros al fondo en la ventana y las escaleras del edificio rebosante de esa misma nube oscura.

Ignacio comienza a tranquilizarse cuando un par de trabajadores que hacen reparaciones en el banco HSBC, frente al incendio, le cuentan que el dueño de la primera camioneta en llamas intentó avanzar inútilmente y al forzar la camioneta estalló una y otra vez, pero alcanzó a salir corriendo antes de que el fuego lo abrazara.

Un accidente, finalmente suspira Ignacio, y sin heridos. Los bomberos consiguen en 15 minutos extinguir las llamas, mientras los policías recuperan las piezas en el rompecabezas. El señor José Antonio Hernández no tiene seguro, acababa de llevar al taller su camioneta Venture 2000 al taller eléctrico y le quedaron mal, ahora tendrá que darle a cambio al dueño de la camioneta blanca, Rodolfo, un Cutlas que tiene en casa. Le da su palabra de que se lo llevará. Sin ningún otro trámite el señor Rodolfo confía en su palabra, como antes se hacía, y la última patrulla en la escena traslada a José Antonio Hernández al Ministerio Público de Apaches en el Eje 3 Oriente para levantar el acta y realizar el peritaje necesario. 

El tiempo se va yendo junto con los vecinos. Ignacio vuelve a casa y el filme está terminando utópicamente con una ONU heroína de la matanza que años después se determinó genocidio, una ONU ausente en la historia pero presente en la fantasía de aquella película británica, y como si la realidad se hubiese intercambiado, Ignacio vuelve a su sillón y apaga la ficción de la pantalla.

Publicado el 27 de mayo 2014

lunes, 12 de mayo de 2014

COSTA NICA - The Central American Dream





by Surya Lecona Moctezuma

translated by Ruth Clarke


“Over here, bitch!”
I was taken aback the first time I heard it. We were on a bus and that was how the woman in front of me addressed her daughter. But having my Costa Rican friends call me 'bitch’ (güila) soon stopped sounding strange or offensive.

In deprived and marginalised areas you hear the word “bitch” used all the time to refer to girls, and “dick” (pendejo) attributed to anyone, male or female, who’s a bit of a grouch, a crybaby or a wuss. Unlike back home in Mexico, neither bitch nor dick is considered offensive.

All the same, women in Costa Rica suffer the effects of machismo just as keenly as women in Mexico. Heredia is a city in the Valle Central, the country's central area, and Ticos (Costa Ricans) hail Heredia's females as the nation's pride and joy, the prettiest in all the land, much like Mexicans champion women from Guadalajara. Similarly, when it comes to football, Ticos from Heredia are just as passionate as Chivas from Guadalajara.

Outside Heredia’s stadium a policeman gives me the following tip: “Buy your tickets from the sellers outside the ground, you’ll see them everywhere. Don’t bother with the ticket office.” This is not a simple matter of the police cynically colluding to help touts double or triple their money, as is commonplace in Mexico. There’s more to it than that. Heredia’s players have gone several months without being paid any wages; the extra money made from unauthorised ticket sales finds its way back to the players, to compensate for their missing pay checks.

“So, are Heredia at home on Sunday?”
“Well, only if they pay the electric” 

The chef at the Casa Azul bar tells me, despairingly.

The club is in crisis. According to La Nación, a local newspaper, on the day Heredia learned they were officially the best club in Central America, according to rankings produced by the International Federation of Football History and Statistics, their Eladio Rosabal stadium was closed down because the club had failed to make its social security payments and was behind on its employment insurance premiums and contributions to the Heredia Public Services Company.

At a recent game against Saprisa, Heredia fans hurled insults at the team’s owner, as well as at Saprisa's owner, Vergara. Vergara? Yes, the same Vergara who owns Chivas! Up until a year ago, Jorge Carlos Vergara Madrigal owned both clubs. Rivalries being what they are, Mexican football is loathed and distrusted in equal measure by football fans in Costa Rica; “Costa Ridiculous”, as local novelist Carlos Cortés would have it; “Costa Radiant,” as Mexican journalist Pablo Pérez-Cano prefers.

The unrolled Costa Rican ‘R’ is a trait so specific to a Tico from Valle Central that they consider it something to be proud of. Primary school teachers take the blame, for not teaching children tongue twisters like 'round the rugged rock the ragged rascal ran', staples of early learning in Spain and Mexico. But the constant flow of migrants may also have played a role in softening the 'R's.

Costa Rica is a mixed up place. It aspires to be a European city, but there’s no escaping the influence of Latino immigrants, be it in the accents or in the Colombian shops displaying signs for 'bum-lifting jeans in a wide range of styles and sizes'.

In another parallel with Mexico, migration is a major issue. Costa Rica, at the heart of Central America, is “one of the most peaceful countries in the world,” according to its inhabitants, and it’s something they’re very proud of. But Nicas (Nicaraguans) have long been making their way south, and they suffer discrimination and xenophobia throughout the country. The disdain with which Nicas are treated by Ticos is perhaps a consequence of the fact that, historically speaking, there has been minimal coexistence between ethnic groups in Costa Rica: the country's indigenous population is almost non-existent, registering a token one per cent of the population, the same as Chinese; three percent of the population is black, with 94 percent classed as white or mixed race.

The migration phenomenon can easily be seen on the streets of San José, with a multitude of nationalities sharing the same pavement. The destitute wander the city's arteries and the homeless lie motionless on the tarmac, huddled up in foetal positions with only cardboard and rags to protect them from the elements. All await the opportunity of a home, a job, a life.

There are many factors related to homelessness, not least the disparity between the minimum wage and high rental rates. The current average salary for a domestic worker is 250 dollars while the cost of renting a room can be upwards of 150 dollars, making for a severe lack of purchasing power.
“Save your prayers for Saint Peter and your begging for your granny to take you in - we don’t want any more tramps here!” 
Yells a police officer with a fascist glare, as he hammers his truncheon against a metal structure underneath which Virginia Araya and her son, Álvaro Fuentes, have been sleeping. They've come to the capital from Alajuela, to visit a hospital that might be able to treat Virginia for a leg problem, phlebitis, which has confined her to a wheelchair at the age of 65. Her hands shake and you can sense the anxiety in her cold skin and timid voice. She tries to explain that they're just trying to get some rest, but gets a blow to the head for her troubles. A security guard from the bank on the high street has already moved them on once tonight, rattling their cardboard shelter with his stick and forcing them to move their makeshift home further down the pavement.

Immigration is most evident in the shantytowns, known in Costa Rica as precarios. Carpio and León XIII lie on the San José outskirts, two precarios where, according to your average Costa Rican, not even the police, ambulance and fire services set foot. Ghettos of Chinese, Dominicans, Nicaraguans, Salvadorians and Colombians dominate. The majority of the inhabitants are second generation immigrants, born in Costa Rica to incomer parents.
“León XIII is the worst precario in the country in terms of drug addiction, violence, illiteracy and delinquency” 
Says Suyapa Cuadros, who runs a project in District 4 of León XIII’s Tibas section. The Asociación de Cultura y Recreación León XIII offers workshops in football, rap and painting, amongst other things. At three in the afternoon, Sabana Park is full of children and young people. They come and go, changing shifts on the concrete terraces and the ragged pitch, worn thin by the neighbourhood’s football and basketball players.  A football match is under way between teams from León XIII and Carpio. Their bright new kits disguise their physical appearances, making their tattoos, piercings and gel-set Mohicans more presentable. The green Costa Rican field both frames and hides the troubles these young people face. The game ends and the players lie down on the grass sipping water. Before heading home, they search in vain for a mobile phone that went missing while they were playing.

David Caldwell is an artist based in London. For this work he was inspired by 'Costa Nica: The Central American Dream' by Surya Lecona Moctezuma


Football is everywhere, a constant running through all communities. All the youngsters in León XIII are big football fans and most play mejenga, or street football, while others fashion home-made shotguns, known as chizas.

Giovanni is 15, though he'd pass for 18 if it weren't for his acne. He comes across as mild mannered and considerate. He's been smoking marijuana since the age of 11 and making guns since he was 12. 
“You make chizas out of iron tubes and pellet guns; you put the tube on top and fit a sharp nail and spring coil, or part of an old bicycle, to fire it. It's enough to kill a person.” 
Giovanni explains this to me calmly, and admits that before he'd turned 12 he'd held 9, 32 and 38 millimetre guns, and that he used to roam the streets of central San José with them, mugging people, holding up buses and stealing mobile phones. 
“But I was just a kid then, and kids make a lot of mistakes,” he says, “now I just want to learn computing and get myself on feisbuc.”
Alan (not his real name) is 16 years-old. He tells me he first fired a gun aged 13, in a revenge attack following the stabbing of a cousin. 
“I was a kid, I wanted to play the hero and so I bought a nine millimetre for 60,000 colones (USD30), shot the guy and then sold the gun on again for 80,000 colones (USD40)” 
He tells me, all the while worrying that his identity will be revealed. He's smoked marijuana, crack and freebase. 
“I also injected heroin once” 
He says, before jerking away from the Dictaphone as gunfire suddenly rings out. 
“Don't worry, they know children play in the park so they don't come down here” 
He says to reassure me, albeit from behind the cement bench he had been sitting on. He laughs: 
“I'm only hiding down here just in case.”
The sound of fourteen gunshots sends people running to the park’s wire fence. Rumours start to fly, but the mejenga goes on. The players rotate constantly. Some are in great physical shape, others not so much. The older ones play dirty, lashing out and threatening their opponents. Oscar, one of the best players, is also one of the youngest; he’s 11 years old, has already tried marijuana and seen the guns his brothers carry. 
“It's nothing to be scared of” 
Oscar shouts to those of us running away, 
“gunshots are like fireworks round here.”

I found out later that the gunfire we heard was El Cuello (The Neck), one of the most notorious armed robbers in León XIII, being 'burned'. 'Burned' is another word you hear all the time in the precarios: it means being shot in the foot.


Published in June 2014 in the book
Football Crónicas, edited by Jethro Soutar and Tim Girven

domingo, 12 de enero de 2014

FUCK UP NIGHTS

NOCHE DE FRACASOS

"No fracasé, descubrí 999 maneras
de cómo no se debe hacer"
THOMAS ALVA EDISON 


La noche del 14 de noviembre, 13va edición de Fuck Up Night, Diego Sexto, peluquero itinerante, pasó al frente, estrelló una copa en el suelo y caminó alrededor de los vidrios restantes mientras narraba su fracaso: “Emprender significa estrellarse”, dijo Sexto. El público guardó silencio y puso atención. “Es estamparse. Ver cómo las puertas se cierran una tras otra”. Su fracaso fue vocacional. Las decisiones tomadas moldearon su rumbo y  trayectoria. Diego estudió letras y ahora es estilista.

Todo inició en una noche de mezcales en que los amigos Carlos Zimbrón, Julio Salazar, Luis López de Nava, Pepe Villatoro y Leticia Gasca platicaron sobre sus errores, en septiembre del año pasado. Lo llamaron Fuck Up Night. Les gustó tanto la experiencia que siguieron haciéndolo. Pero ahora no son sólo cinco amigos, sino cientos de personas que cada mes se reúnen para escuchar los fracasos de tres o cuatro emprendedores que en siete minutos comparten las frustraciones y lecciones que les dejaron sus fallas.

También Álvaro Rego, director del Museo Mexicano del Diseño, compartió su experiencia en el aniversario. Hace años abrió un despacho de diseño con su novia de la universidad. Todo iba perfecto. Citibank les otorgó un préstamo de cientos de miles de pesos. Pero luego llegó la devaluación, que lo llevó a la quiebra de su empresa valuada en 6,000,000 de pesos. Se contagió del virus de la influenza, sufrió tres infartos, la colocación de un marcapasos equivocado y una infección. “Pensé que si ya había llegado tan abajo, solo había camino hacia arriba”, dijo Rego. Pero aunque las historias son dramáticas, la idea central de Fuck Up Nights es divertirse, como lo dicen sus siglas en inglés: FUN. “La noche trata de reírse con los emprendedores que han tropezado”, dice Leticia Gasca, una de las fundadoras y ex periodista de esta revista. “Experimentan en cabeza ajena para no encontrar las mismas piedras”.

En ocasiones el fracaso es el único camino al éxito. “En los negocios, a veces la única manera de obtener una buena autocrítica y aprender, es crear las condiciones para que las cosas fallen”, asegura Rita Gunther Mc-Grath, una de las líderes de opinión en negocios más influyentes del mundo y profesora de la Universidad de Columbia, en Estados Unidos.

Pero no todos los errores son tan buenos. La profesora señala que existen fallas de las que se obtiene poco aprendizaje y es cuando era posible haber evitado el error. No se trata de sólo equivocarse por equivocarse, sino de aprovechar el error. “El único verdadero error es aquel del cuál no aprendemos nada”, asegura José Antonio Dávila Castilla, director y profesor del área de Política de Empresa del IPADE. “Sólo el que no hace nada no se equivoca”.

Dávila habla de tres etapas en torno al error: las expectativas, la toma de decisiones y la incertidumbre. Según el catedrático, es posible identificar un error cuando las expectativas no se cumplen. En ese momento aparece la incertidumbre. Y entonces, hay que tomar decisiones basadas en la intuición, con el riesgo de fracasar. “Si ya te equivocaste la única forma de aprovechar el error es reflexionar qué hiciste mal y no repetirlo”, dice Dávila. “Darle la espalda al error es negar la realidad”.

EQUIVOCARSE ES DE GUERREROS 
Poco a poco la perspectiva cultural de los fracasos ha evolucionado. “Antes el fracaso era un estigma que los ejecutivos arrastraban a lo largo de su carrera”, dice Francisco Ruiz-Maza, director ejecutivo de la reclutadora de ejecutivos Russell Reynolds Associates. “Ahora son ‘heridas de guerra’ que se portan con cierto orgullo si sirvieron como plataformas de aprendizaje”.

Incluso, algunas maestrías de negocios en Estados Unidos piden a los alumnos mencionar algún fracaso y el aprendizaje obtenido. Hace años era impensable que se compartieran errores y fracasos para solicitar un lugar en un prestigioso MB en el extranjero, señala Ruiz-Maza.

David Noel Ramírez, rector del Tecnológico de Monterrey comparte la opinión de Ruiz-Maza. “La vida es una carrera de obstáculos, y ninguno te debe amedrentar. Los jóvenes deben estar preparados para eso”.


Publicado originalmente en 
la revista Expansión
Diciembre 2013


domingo, 17 de noviembre de 2013

No maté a mi hijo



Mi cuerpo tembloroso y las manecillas del reloj desgarraban cada segundo de ese instante. A mi derecha mi madre, entrando en un abismo doliente, sufriendo un dolor ajeno, como un anciano a su bastón. Traté de tranquilizarme, pero los segundos seguían penetrando mi cuerpo como dagas lastimeras. Cuando logré parar la vibración de mi cuerpo, me tragó un sentimiento asqueroso de criminal, de asesina, de lumpen, la sensación de una escoria humana que se aborrece a sí misma. Me causó náuseas.
Cerré los ojos y pensé en que la anestesia local podría tornarse total e invadir cada vena, cada célula, cada minúscula parte de mi cuerpo y terminar con todo. Quería dejar de ver al doctor pasar de un lado a otro recolectando las herramientas y artefactos brillantes para el acto inhumano. En uno de mis giros de cabeza alcancé a ver su placa de identificación: Alfredo Hernández. Dudé si el nombre correspondía a aquel señor, ya que había dos placas más, una de mujer y otro de hombre, pero él tenía cara de Alfredo.
Las náuseas se fueron, pero seguía mi angustia. Aunque resultó negativa la prueba de embarazo que apliqué, algo me decía que había más. Mi intuición de mujer podía saberlo, pero sólo las horas podrían revelarlo.
Quería que terminara, o mejor dicho, quería que no empezara, que no pasara. El doctor me explicó del riesgo. Tenía que interrumpir el embarazo para iniciar mi tratamiento del virus. Si se dejaba al tiempo conciliar el destino, las circunstancias podrían ampliar el pequeño virus, ese asqueroso y avanzado virus que me contagió, a un cáncer. Tiempo, sólo tiempo vibrando en las palabras: papiloma humano
Tercera llamada, comenzamos. Mi madre le pasaba las jeringas al doctor para la anestesia mientras él dilataba mi cuello con fuerza mientras yo trataba de tener la mente en blanco en aquel pueblito de Veracruz al que nos mudamos por trabajo. Intentaba pensar que pasaría pronto, pero no pude hacerlo. Mi mente me llevó de viaje e insistió en convencerme de que eso era la tortura que me tocaba vivir por no dejar vivir.
Mis pensamientos se tornaban agresivos y el dolor llegó a gustarme. Era mi castigo y no podía, no quería evitarlo; merecía eso y más. Llegué a creer que dormir podría calmar el dolor. Sentí las cuatro agujas entrar en mi piel, sólo la primera dolió. El doctor aspiró con un tubo que me hizo sentir cólicos intensos al entrar por mi cuello uterino. La sensación me obligó a gritar; no importó que el doctor me pidiera no hacerlo.
—¡No grites! —me dijo de nuevo.
Yo no podía. Continuó haciendo vacío en mi interior, extrayendo todo, todo. Al ver los residuos que sacaba, mi confusión fue colosal. Nunca se sabe el momento adecuado para tener hijos, pero no justifica en lo absoluto la decisión que tomé.
El sangrado no fue intenso pero la noticia sí. Sí encontró tejido vivo. Me impactó, aun cuando yo sabía que ya lo sabría, pero tenía esperanzas de que no existiera tal molusco ensangrentado. Prefiero no hablarle bonito. No me había sentido tan vil y miserable como ahora, tan sola. Pensé que podría arreglarse de otro modo.
¡No maté a mi hijo!
Maté al hijo del imbécil que me violó.


Publicado en:  Barrio Antiguo 
17 Noviembre 2013

viernes, 27 de septiembre de 2013

Semerendo


A Ju




SLM

Suena tremendo. Pero ¿qué quiere decir realmente? No es una palabra bella, tampoco fea, quizá extraña. Hablar de los demasiados, de los extensos, los muchos, los excesos, los más allás, no tiene ningún límite, ningún dique anclado a ninguna verdad, es sólo dejar volar la hilacha libremente hacia el infinito.

Los miedos por ejemplo: ¿Cómo se distingue el miedo, el pavor y la fobia? Hay niveles, en todo hay niveles. Las sensaciones tienen niveles. Incluso cuando se está enamorado. El enamorado no dice "te amo" en las primeras citas. Por lo menos, no el enamorado de antes,  el que lo valora con seriedad, pues para él tiene un significado de "quiero pasar el resto de mi vida contigo" o "te entrego mi amor, corazón y atenciones" o "eres el hombre/mujer de mi vida". Estas frases, en un supuesto de que se pudiera traducir en palabras humanas esa onomatopeya del amor. Así de tremendo. No le importa a quien banaliza la frase y le canta a cualquier muñequita coqueta o joven apuesto una o dos docenas de "te amo's" al día. Antes, esta frase estaba exclusivamente dedicada a la persona amada, hoy se anda canturreando a los amigüis, amantes pasajeros, pretendientes y "contactos" de facebook, nótese las comillas. Y es que el contacto en este mundo virtual ya no es físico.

En un pasado nuestros padres y abuelos y quizá hasta mi tatara, tatara, tatara, tatara... etcétera Moctezuma, se brindaban un "te amo" en secreto, en voz bajita, en un momento delicadamente especial y de acento a veces melancólico, taciturno o de éxtasis. Era sobre volar las bardas de toda sensación y más aún de la sensación más hermosa, natural y orgásmica: El amor.

En una madrugada el enamorado se acerca a la ventana de la doncella y dice...
No, no, no. Esos tiempos ya se oxidaron. 
Va de nuez. 
Antes del alba el enamorado envía un whatsaap a su mujer y se lee: "Como todo el mundo, pensé que los vientos que me matarían vendrían del norte: Bajé la guardia. Y resulta que la belleza del Sur es la que derrite mis casquetes polares" (aclaro que entre los amantes existe un jocoso y florido juego local con los hemisferios que sólo ellos entienden). Nuestra mujer imaginaria que posee una historia de amor aburrida, de traumas, des-atenciones, bla, bla, bla, al leer esta frase, con el preludio de muchas más románticas coquetas y "cursis" que ambos intercambian, cae en un espasmo, no puede más. La sensación en su piel es de una corriente eléctrica que la obliga a levantarse, caminar, cerrar los ojos, gritarle a un cojín, sostenerse de la esquina de algún mueble y así no caer del mareo, un mareo de ideas en batalla y nuevamente se sienta y dice "pidos", pide una pausa, un respiro, respira, y antes de largarse suelta un "te amo" con una sublime corazonada. No es justo que nuestra mujer imaginaria dejara así en ascuas a su amante. Pero quizá él entenderá, como ella no entendió, la sensación tan desconocida que tuvo. Jamás sintió antes algo parecido. Y es que ahí el asombro también tiene un juego precioso. Pues uno reconoce sensaciones, pero en el amor cuando uno dice "te amo" reconoce que está en el punto máximo, y si no así, sí en un cenit. En una cima muy transparente y sensible, desnudo, entregado al amor. ¿Qué pasa cuando llega un amor más fuerte, más intenso, uno que no ame lastimando sino adorando, respetando? Los parámetros, los paradigmas cambian, nos asombramos, se nos mueve el universo. Y un algo etéreo, dentro del cuerpo físico, estalla.


Los miedos entonces, tienen sus des-niveles: El pavor se siente con mayor vehemencia que el miedo a secas, pero sin ninguna compensación una fobia pudiera estar en el eslabón mayor. ¿Cómo medir el miedo que siente alguien comparado con el miedo de otro alguien? Y si el que tiene fobia es superado, habrá que poner un nombre más espeluznante a la siguiente definición del vencedor. Es así que cada uno, cada quién y cada cuál, tenemos nuestros propios niveles. Este mismo amante imaginario le dice a ella: Ganaríamos el premio "Nobél" de latidos que se escuchan y se apapachan, se arrunchan... y ella sin más, vuelve a estallar. 

La sensación de una fobia es distinta a la de un "te amo" explosivo, uno se dirige a la adrenalina y otro hacia el placer. Físicamente una serie de reacciones que provoca el ensueño inyectan al cuerpo dopamina, oxitocina, serotonina, norepinefrina y otros que también terminan en "ina" y  el miedo dispara la adrenalina. En traducción para nosotros, pacientes y víctimas, en ambos casos por alguna milésima de segundo o por varios minutos, o incluso horas uno se siente con tanto amor que muriera en el instante o con tanto miedo que ruega el fin del martirio para calmar ese verdugo. Ambos desean la muerte. 

Seguramente Julio Cortazar terminaría definiendo esta semerenda variedad en la intensidad de sensaciones como un cronopio. Las sensaciones son tan cercanas y tan ajenas que nos la vivimos admirándolas como las tortugas a la velocidad.


Publicado en: la imaginación del tiempo
27 / 09 /13








jueves, 4 de julio de 2013

EL "BRONX" COLOMBIANO

Justo detrás de una de las sedes del Ejército en Bogotá existe una calle en forma de "L" que alberga una de las realidades colombianas más necesitadas.

Invisibles ante quienes se encargan de resguardar la justicia y el orden, de vez en vez la policía se aparece como verdugos en "La L" y con garrote y bombas de humo se difuminan y montan una obra. Luego salen y continúa la rutina. Ha habido operativos sinuosos y algunos con resultados, como en febrero de este año 2013, que se incautaron armas, drogas y hasta capturaron a algunos proveedores.

Invisibles también a la sociedad colombiana, un estorbo en el pavimento al cuál los indigentes viven pegados, y todos aquellos que sin un techo vienen por las noches a acariciar las mismas banquetas. Invisibles y desahuciados, de la mano de una droga que los mataría en menos de 6 meses.







Homers, es el nombre del mayor grupo distribuidor en la capital colombiana. Llevan el sello del papá Simpson en sus paquetes de droga, en sus pieles y en sus muros.

Los desechables, como les llaman, vagan ahí, comen ahí las sobras que se venden por muy poca plata, una suma simbólica y a veces también duermen ahí doblando un brazo para tomarlo como almohada y el otro llevarlo a la entrepierna, cubiertos con periódico o cartón.












miércoles, 12 de junio de 2013

Missed may...

Are the stars, the only thing that we share now
Are my hands, all the time looking for you
What can I tell them for make them calm?
Where can I look, for don't see black?

Are my eyes feeling alone
Is my bed too big for me
Can we take a minute to interpret?
to tell your body don't disappear?

Are our souls, making a dream
Is my voice running away finding your love
It's the time to say welcome new things?
It's our story or just a delusion sleep?