sábado, 16 de marzo de 2013

OJO RARÁMURI...

Surya Lecona Moctezuma
Basíhuare, Chihuahua.
(fotografías premiadas en el certamen
aniversario de la EPCSG 2008)



La distancia entre algunos lugares ha permitido la diversidad tan grande que tiene el mundo. Basíhuare es un pequeño poblado en el corazón del estado de Chuihuahua. La tierra en la sierra es caliente cuando el sol se acerca, pero las bajas temperaturas llegan agresivas con el invierno.



La distancia entre algunos lugares ha permitido la diversidad tan grande que tiene el mundo. Basíhuare es un pequeño poblado en el corazón del estado de Chuihuahua. La tierra en la sierra es caliente cuando el sol se acerca, pero las bajas temperaturas llegan agresivas con el invierno.


Los relieves de la sierra de Chihuahua además de ser maravilla visual cobijan a los rarámuris o tarahumaras esparcidos en esa belleza. Se guarecen en algunos rincones de la Sierra Madre Occidental, junto a arroyos y en altas mesetas. 


A pesar de la dificultad para arribar a ciertas poblaciones, el dinero como moneda de intercambio para comercializar ya es totalmente aceptado.





Sus viviendas son peculiares por la facilidad de encontrar un hueco en la montaña y adaptar la cueva a un hogar. No tienen grandes requerimientos respecto a la comodidad de sus hogares.


EL PERFIL RARÁMURI























RARÁMURIS EN LAS CIUDADES



jueves, 7 de febrero de 2013

Aguerrida Buenaventura

Contar la historia de Buenaventura, en Colombia, no es fácil, cada testimonio es aún más estremecedor que el anterior y cada personaje tiene aún más miedo de hablar, porque las amenazas no rondan al municipio de Buenaventura en vano. Las desapariciones comenzaron a aumentar luego de que se detectó que los asesinatos eran demasiados.


"La riqueza que entra y sale de Buenaventura, nosotros sólo la olemos" 

por: Surya Lecona Moctezuma

Uno de los líderes de las comunas 6 y 12 en Buenaventura (del cuál por seguridad se reserva su identidad) expone distintos casos en los que las familias encuentran a sus hijos, padres o conocidos masacrados, torturados con ácido o motosierras y luego para “no dejar rastro” los victimarios lanzan los cuerpos al mar o a los esteros de los ríos. Él mismo estima de 3 a 4 desaparecidos por día en Buenaventura.

El líder de estas comunas denuncia los atropellos cometidos en contra de la comunidad para desalojar las tierras: “La raíz del desplazamiento y las desapariciones son: el narcotráfico, los paramilitares y grupos armados que, con sus actividades ilícitas para el lavado de dinero, se apoderan del territorio construyendo patios de carbón y de contenedores desalojando a las comunidades”. Sin dejar de hablar, saca de su portafolio algunos documentos que prueban todas estas irregularidades, entre ellos títulos falsos con los que amenazan a la población para que salga huyendo: “Nosotros hemos tenido que ser investigadores y detectives. Y hemos encontrado irregularidades firmadas por  autoridades y hemos atinado también a que para conseguir algunas firmas han resucitado gente.” Continúa, y luego hace una pausa filtrando los documentos certificados por diferentes entidades legales que inculpan a las distintas jurisdicciones oficiales. "La riqueza de Buenaventura, nosotros sólo la olemos". Y riendo irónico suelta esta última frase.

La comunidad afrocolombiana en el municipio es mayoría. Buenaventura tiene un total de 362 mil habitantes de los cuales el 88 por ciento es afro. Es decir, desde tiempos de la esclavitud o más allá de 3 generaciones que habitan el territorio desde 1950, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), Buenaventura se convirtió en el principal puerto colombiano donde se concentra el mayor volumen de carga exportadora e importadora del país.

La riqueza del puerto es inconmensurable, junto con la minería y el oro se vislumbra el potencial tan amplio de un territorio ya en disputa por empresas y grupos armados que se dieron cuenta de la abundante aptitud del puerto.




Oscar Yañez, a quién se modifica el nombre por seguridad, es un joven líder de sus generaciones en el Municipio. Tiene a sus 34 años el ánimo de lucha tenuemente tatuado en sus gestos. Su voz se detiene en cada idea políticamente bien expresada. Comparte con otros líderes de “La playita”, uno de los 7 barrios de la comuna 4 y uno de los barrios más marginados de Buenaventura, además de la búsqueda de justicia, la solución para  detener la tropelía que envuelve a la ciudad en sus 12 comunas: “A mi novia la asesinaron el 3 de junio pasado, luego de recibir varias amenazas”, confiesa con la voz quebrada y bien disfrazada de la seguridad que empuña como galardón, símbolo de su dolor. Oscar, así como muchos habitantes han perdido a un ser querido en esta guerra. “En el puerto del “La playita” deben haber unos 800 cadáveres,  otros 300 o 400 en el Naya y en el estero de San Antero víctimas de todas nuestras masacres” continúa acariciando cada frase, pretendiendo que ningún detalle se quede en el aire.

Sólo los habitantes hablan con tanta certeza de las razones del desplazamiento. Ellos que han sido víctimas, ellos que no denuncian por miedo, ellos que mantienen en sus recuerdos la voz de una amenaza, los disparos latentes de un arma o el belicoso sonido de las motosierras. “La violencia viene de la mano con los proyectos y las multinacionales. El proyecto de TC Buen por ejemplo, que construyó su infraestructura sobre los barrios ya desplazados de la Inmaculada y Santa Cruz”, denuncia Yañez mientras se acomoda luego de un suspiro que descansa en su crónica.


El alcalde de Buenaventura, Bartolo Valencia, del Partido Liberal, no sonríe, pero es amable con quien lo aborda. Y tampoco canta el himno de su país ni el de su Municipio antes de las conferencias que dicta. Sólo se mantiene ahí inerte, contorneado por una camisa rosada y casual, el ceño fruncido y la mirada baja como meditando, resaltando la seriedad y el sosiego que mantiene con firmeza y que no se refleja en la comunidad que gobierna. “Durante los nueve primeros meses de 2012 Buenaventura fue el municipio más tranquilo del Valle. En Octubre empezó la violencia y empezaron los enfrentamientos en las comunas. Pero no hay que ver solo las cosas malas de la ciudad, acá vinieron en diciembre 37 mil turistas y no les paso nada, la violencia es por una guerra entre dos bandas, no hacia la comunidad…”, recomienda sin estimar la secuela de sus palabras en la población. Luego, a pesar de los rumores sobre las nuevas rutas del narcotráfico, confiesa confuso que nunca ha visto mexicanos o sabido de ellos.

Las historias sobre las nuevas rutas, sí las reconoce el Comandante de Guardacostas del Pacífico Carlos Delgado, ya que entre los 83 sumergibles que han incautado desde 1993 y las lanchas de alta velocidad, algunos fueron encontradas con tripulación de nacionalidad mexicana. Y no es difícil reconocer la procedencia porque el cargamento tiene identificado con sellos de bajo relieve las marcas de la banda a la que pertenece. Las embarcaciones las navegan de 4 a 5 personas y van alimentando el esquife en el camino acercándose a barcos pesqueros que venden el combustible de forma ilegal y triplicando el precio.

“¡Huuuuy! ¿Que en Buenaventura no pasa nada? Sólo es cosa de ver a nuestros niños jugar con palos a dispararse, o terminar a golpes luego de un partido de ajedrez. Ya están acostumbrados, son niños que ya están preparados para la guerra. El 98% de los pescadores artesanales son negros, y aquí en Buenaventura no hay representación,  por eso no hay políticos que nos protejan, al contrario.   ¿Pero denunciar?, ¡ni que me quisiera morir!”, exclama Héctor Córdoba pescador artesanal habitante de “La playita”, indignado por las atrocidades que los grupos armados siguen cometiendo día a día asesinando, reclutando, y violentando sus derechos humanos y continúa balbuceando sus quejas entre sus únicos dos dientes bajos que sobresalen en su rostro de piel de ébano brillante: “Nosotros fuimos a Bogotá a decir: ojalá, acá en el Pacífico, nos quiten 400 kilómetros de mar como en San Andrés a ver si el presidente Santos se fijaba en nosotros”, termina irónico y estalla en un juego de palabras e insultos ligeros al ritmo en que manotea por la inconformidad que le inspira lo que expresa en vocablos mal digeridos.

Hilario, mejor conocido como “El cholo” mira distinto. A diferencia de Oscar, él se distingue cansado y en su cuerpo y su piel se refleja esa debilidad. En su rostro redondo, sus párpados caen en olas sobre sus ojos con tristeza. Hilario lleva una vida de 58 años de lucha y humillación. “Aquí ya nadie quiere denunciar por temor, estamos en zona roja. La Policía a veces demora hasta una semana sin entrar a las calles y los periodistas sólo se ven cuando hay asesinatos”, su voz resignada y de tono bajo se queja mientras entrelaza sus manos nerviosas y continúa con la voz rasposa, fatigada también de arrastrar las vocales que le cuestan los recuerdos y fijando la mirada hacia un ángulo en una ventana, como si le llegara a la mente una anécdota de cada miembro de la comunidad dibujada en una propia. “A mí simplemente el año pasado me atracaron dos veces, iba a pescar, me encañonaron con armas largas, me robaron y finalmente me perdonaron la vida, pero no todos tienen la misma suerte. La playita es un barrio de pescadores y ya no es seguro salir a trabajar”, concluye bajando la vista exhausta sin hacer contacto y reclinando su espalda.


Por otro lado, el coronel Oscar Gómez de la Policía, se sabe de memoria la historia telenovelesca entre cada bando, la cantidad de miembros que tiene “La Empresa” y “Los Urabeños”, los alias de uno y de otro bando, las cantidades de plata que ofrecen a sus matones, los métodos de reclutamiento, los tipos de armas y los rencores que existen entre bandas. En todos los diarios locales ha sido su testimonio omnipresente el que moldea en un panorama a los protagonistas de la cordillera del Valle del Cauca y la costa del mar Pacífico de este sector.

Manuel Bedoya también es un personaje en Buenaventura y no es sólo por el respeto que le tiene la gente que admira a su hijo, Yuri Buenaventura, el rey de la salsa en Francia, y aunque quizá es antagónico en el libreto de Buenaventura, como Presidente de la Asociación de  pescadores (Anpac), no coincide con los “logros” de la policía ni los “trofeos” de la Alcaldía. "No en vano varios alcaldes han pasado por la cárcel en sus administraciones", comenta. Pero es cierto que aunque ciego, el estado no es invisible. Ahí están los policías, las tropas, los guardacostas en todo el Municipio, aunque la comunidad no identifica ningún avance. “Los matones agreden cada vez más a los pescadores y a los agricultores, por el control del territorio y las aguas para el narcotráfico. Nosotros los identificamos por las armas de largo alcance y los autos lujosos. Sabemos que son Urabeños y sabemos quiénes son, pero si nos atreviéramos a denunciar tendríamos que irnos de aquí o no la contamos”, se estremece y con una risa nerviosa sigue caminando por la pendiente donde en cualquier esquina de esos barrios hay criminales examinando cada paso y cada intruso. Sin embargo, él ahí no es un forastero sino todo lo contrario. La fama de su hijo le permite pasearse por las comunas sin que pase desapercibido, todos se acercan a lisonjear al viejo Manuel que, aunque de piel delgada y cabellera y barba completamente blanca, mantiene la sonrisa de un chiquillo de 12 años.


Buenaventura se camina junto a la música, el currulao o la salsa, junto a lo que el alcalde alevosamente alardea del turismo pero también junto a lo que niega, como jamás haber visto o conocido de la presencia de mexicanos en el puerto por donde la droga se trafica. O la policía que presume sobre la minería ilegal sus 44 capturas y el decomiso de 21 retroexcavadoras. Pero también es inevitable la empatía con los pobladores, con los habitantes, agricultores, mineros artesanales o las señoras que vendían el pescado en ese rincón de “La playita” y han tenido que dejar de vender por la ausencia de clientes, porque ya nadie quiere acercarse a ese mercado desierto, con los locales llenos de polvo, porque el barrio ahora es peligroso y nadie se atreve a aventurarse a donde antes las voces en coro de más de 3 docenas de señoras decían: “Lleve su piagua, su camarón o su jaiba”, o los pescadores que tienen miedo de salir en sus lanchas o las familias que se abrazan rogando que no los saquen de sus hogares aquellos despojadores forajidos que en tormenta llegaron con títulos falsos y las madres rumiando el miedo huyen para evitar que recluten a sus hijos. Son excesivas las aristas de la estampida que abate y deteriora a Buenaventura desechando comunidades y construyendo infraestructura para los actores ilegales.

Los pecados de Kapuscinski

Cómo te extraño Kapuscinski
mi duda se vierte en las extremidades del río 
la ética de mi fuente y mi ética confusas
crean el dogma de una sátira vil e ilusa

Ni Walash, ni Truman, ni Mailer
o Tom Wolf y Hunter Thompson de aliados
llorarán por ti, ninguno de ellos.
Yo tampoco lo niego,
la fortuita espesura de tu prosa en mi lectura
o la memoria que viene masticando tu ego
y aquellos ancianos que te envidiaron
emergen en anaqueles con tu nombre

No llores por mi tampoco Kapuscinski
la penuria de mis versos no llegará a tiempo
esta miseria que escondo bajo la almohada
y los pasos que te siguen son de acuarela
de carencia de sombras y sueños de ébano.

Persistir China, India, Chile, Ghana, Zimbawe,
Tangañica, Brasil, Zanzibar o México es una locura
Insistir en la oficina, los patios, los hijos, la vida de usanza
ver lejos la frontera del vecindario es única vesania.

Allá te veré con tus fantasmas y tu feliz demencia
allá donde tus pecados son el manjar Non-fiction
allá a donde te llevaste a África, Congo y Mozambique
que acá donde los mortales, ya no es secreto,
no existen más.




martes, 29 de enero de 2013

Frontera


Publicado en:  Liberaradio

(http://www.liberaradio.com/?p=1773)
Diciembre 2012



Surya Lecona Moctezuma

“La última noche que pasé conmigo” escribió Carlos Cortés en su libro Cruz de olvido, y fue el texto que acompañó a los dos periodistas mexicanos en el cruce de la frontera Panamá - Colombia, y es que justo estaban leyendo esas páginas cuando la tormenta engrosó. La lectura parecía indicarles un final próximo. La embarcación era de carga, de dos pisos, muy semejante al viejo barco camaronero de madera que utilizó Forest Gump en el filme. El sonido de las tablas es muy peculiar, se escucha todo el tiempo cuando navegas, de un lado a otro y arrulla a quienes zarpan en él barco. Pero en ese momento el sedante crujido no fue cordial. De todos lados venían los sonidos y con ellos los pequeños tanques de gas se sacudían en cubierta. Comenzaron a caer también los jugos embotellados y las latas de bebida energética. El agua lo mojó todo, gotas saladas que salpicaba el mar y dulces de la lluvia se mezclaron en los pechos descubiertos y las nucas preocupadas de los tripulantes, los  7 marineros que como familia se discutían en soluciones y direcciones.



Dos fueron los objetivos de viajar en un barco carguero a través del archipiélago de San Blas. Conocer la región fue uno de ellos, 80 de las 365 islas de la comarca Kuna Yala están habitadas por los indígenas y el barco carguero tiene la misión de vender víveres a los habitantes. Cuando el barco se acerca a las primeras islas, los Kunas vienen abalanzados hacia esa masa de maderas inertes que sobrevivió a la tormenta y sobremurió en su contenido. Todo se había mojado y se había caído del orden en que estaba. Sin embargo, los Kunas compraron los sacos de cemento mojados y las latas golpeadas.

Los precios son un misterio. Algunos productos superan el cien por ciento de aumento. Son sumas difíciles de comprender, pues, ¿de dónde sacan ellos, los Kunas, la plata para mantener una vida aislada en un archipiélago que necesita un constante transporte y vaivén de productos y servicios?

Los precios incluso de los medicamentos aumentan al ser trasladados a las islas por su conservación y transporte. El incremento varía siempre ya sea por la distancia recorrida desde la costa más cercana, el empaque o por los respectivos impuestos del país o de los productos de importación.


La economía de los Kuna está basada en la agricultura, la pesca y la caza. Los indígenas atraviesan esos mares en sus canoas para llegar a las costas y trabajar sus tierras en los terrenos que bordean en Panamá las playas del mar Caribe. El turismo que se acerca día a día, a pesar del difícil acceso a las playas del archipiélago, es una entrada económica grandiosa para los habitantes de la comarca. Y también el comercio internacional cual ola llega a sus chozas: cocos, cacao y langostas son los productos más importantes de exportación.

Como en un ritual, los marineros comienzan a pasar de mano en mano las cajas de leche, de soda, de azúcar, de jugos, de cerveza, de papas fritas, de vinagre, de detergente y cajas de todo tipo de víveres. Los productos son muy diversos, llevan por ejemplo un congelador donde transportan pollo fresco, frutas  y verduras. Luego de aquella ceremonia de intercambio de productos por dólares, los marineros descansan, se duchan, se relajan y siguen su camino hacia la siguiente isla. Mauricio -el cocinero- va pasando unos platos con un fondo profundo, para llenar sus desmesurados estómagos hambrientos. Los marineros cantan, mueven sus barrigas y desnudan sus pechos, sudan el cansancio y toman un baño con manguera. Los marineros son limpios, amables con los invitados -los clandestinos tripulantes- dos reporteros que tomaron la opción del carguero también por el bajo costo de la única alternativa económica. Por aire y por mar son las únicas dos opciones de cruzar esa frontera. Las razones, desconocidas. El tapón del Darién, tiene una extensión aproximada de 20 mil  kilómetros cuadrados, se esparce a lo largo de la frontera y le da asilo a la guerrilla, al contrabando y al narcotráfico, en una selva que astuta bloquea cualquier camino.



Si uno no tiene 150 dólares para pagar el cruce en avión hasta el puerto Obaldía para sellar el pasaporte en la puerta que atraviesa de centro a sur américa o viceversa, tendrá que probar suerte con los barcos cargueros que recorren en un mínimo de ocho días las islas de los Kuna. Y sin asegurar la llegada al puerto, ya que si los vendedores terminan antes de liquidar sus artículos, ya no llegan a los últimos destinos y regresan a las costas que les surten de electricidad, víveres y productos para volver a zarpar unas semanas más tarde. Sin esa cantidad de dinero, atravesar no está asegurado. Es mucho más sencillo, aunque caro, tomar un vuelo a Colombia donde, desde los cielos, no se divisa esta problemática de fronteras. Y no sólo eso, si el viajero es mexicano o cubano, se ahorra también la adrenalínica aventura de que los militares en el reten de entrada le revisen minuciosamente la ropa sucia o hasta la ropa interior, todo lo examinan.

La fiera del Darien

El narcotráfico es evidente. Las historias pululan pero nadie se atreve a dar nombres ni indicaciones. Sólo se cuentan como ventarrones los sistemas implementados por el comercio ilegal, la ruta del submarinismo, vía aérea y  los contenedores que con anticipación corrompen a la milicia panameña.

Capurganá cede el sello de entrada a Colombia y Turbo da la bienvenida a la posibilidad del transporte terrestre. La última lancha que cruzó a los dos periodistas de Capurganá hasta Turbo pertenece al narcotráfico, dos ciudades ya colombianas que no pueden prescindir de la comunicación marítima. Armas de bajo calibre y cigarrillos de marijuana estaban contenidos en una maleta deportiva. 

Uno de los pasajeros narco-junior, sinaloense, amenazó a los reporteros con un fusil en la espalda baja “y ustedes periodistas, ¿qué andan haciendo por acá?” Ellos, confundidos callaron. No conocían la respuesta a esa pregunta. No comprendían la pregunta tampoco. ¿Cómo sabían de la profesión de los clandestinos tripulantes? Diez eran los navegantes de esa lancha que bajo efectos de la marijuana que consumían los narco-junior, jóvenes, de aproximadamente 27 años, competía con el viento y la corriente. Dos motores que a una velocidad cercana a las diez olas por segundo movían el armatoste, planeaban para luego caer en un golpe seco sobre el mar. El caballo marino iba de un lado a otro como queriendo esparcir en la mar a los pasajeros que se aferraban al esquife. El conductor, también bajo los efectos de la yerba tenía una mirada insaciable y domaba la diminuta embarcación con la adrenalina en las manos, sin despegar la mirada del horizonte, apretando con los puños el volante y la palanca de velocidades.

Al llegar, no a Turbo pero casi, una finca encubierta les recibió. Un paso ilegítimo con un magnetismo extrañísimo en el espacio, una sensación eléctrica, y erizados los vellos de los brazos y el cabello, marcaban un camino zigzagueante entre las grandes piedras submarinas, murallas de piedras submarinas para toda lancha forastera que no conociera la clandestina entrada. Y luego el narco-junior indicó al lanchero “Parce, dejálos en Turbo. No se preocupen muchachos, todo está bien. Ellos los van a llevar a su destino. Nosotros nos despedimos aquí”. Y bajaron con un par de langostas de poco menos de un metro que llevaron como obsequio “al patrón”. Luego de dejar a los furtivos en un muelle oculto, los lancheros sólo evocaron en una ligera amenaza, que si alguien preguntaba la respuesta debía ser que “no los conocían y venían de Santa Marta, no de Capurganá” y partieron en esa lancha, finalmente y luego de dos semanas llegaron, a donde los cajeros, las carreteras, a donde la comida y el descanso.



El sur del caribe está bañado de misterio, barcos de todo tipo, cargueros, lanchas de militares con tambos de gasolina, pescadores, embarcaciones con distintos fines en negocios y comercios, navegan a diario por el archipiélago Kuna, incluso algunos que ondean en el caribe una bandera de franjas horizontales, dos rojas en los extremos y una amarilla en la parte central que fondea unas líneas en forma de suástica, un  pulpo que como símbolo llevan los Kunas como creación del mundo. Un pulpo que a primera vista podría confundir a cualquiera como a José María, viajero español, que ofendido preguntó a los lugareños, por qué en la bandera española dibujaron una suástica. Luego quedó más tranquilo al saber que eso era sólo una coincidencia y que no existe ninguna relación con España ni con el símbolo del nacionalsocialismo.

LA SUIZA CENTROAMERICANA


En algún lugar llamado centroamérica

COSTA RICA, COSTA NICA, COSTA RISUEÑA



Publicado en: Replicante 
(http://revistareplicante.com/costa-rica-costa-nica-costa-risuena/)

Novienbre 2012

Surya Lecona Moctezuma


-          ¡Oye güila, pásate para acá!

Fue el primer comentario que me sorprendió en Costa Rica. Se lo escuché a una madre decir a su hija en el autobús. Y es que después de eso; que los amigos me dijeran güila pendeja, ya no era raro ni ofensivo.

En los precarios o zonas marginales es muy común escuchar la palabra güila para referirse a una muchacha y pendejo o pendeja se le atribuye a alguien quejumbroso, llorón o miedoso.

Las mujeres de Costa Rica, así como las mexicanas, también padecen el machismo. Heredia es una ciudad de la zona centro del país, sus mujeres son el orgullo que destacan los ticos, casi tan cercano a Guadalajara y sus mujeres tapatías. Los ticos Heredianos en el fútbol, son apasionados como los inchas de las Chivas. 

Fuera del estadio de Heredia un policía recomienda:
-        
Puede conseguir entradas con los vendedores externos que están ahí, en todos lados. Sugiere. Nunca en las taquillas.


Y no es sólo la ambición de los revendedores por doblar o triplicar ganancias, de la mano de una cínica invitación del aparato de corrupción policiaca como sucede en México. En este caso  es distinto.


– Entonces, ¿Heredia juega el domingo?
– Bueno, sólo si pagan la luz. Impotente se queja la cocinera del bar Casa Azul en Heredia.

Los jugadores heredianos, llevan dos meses sin recibir su salario, el resultado de la venta de los boletos es para sustentar un poco los ausentes ingresos. El club se encuentra en estado crítico. Según La Nación, periódico local, el mismo día que los heredianos supieron que eran el mejor club de Centroamérica en seguimiento al ranking que realiza la Federación Internacional de Historia y Estadística del Futbol, esa misma tarde les cerraron el estadio Eladio Rosabal por deudas con la Caja de Seguro Social, atraso del pago de la póliza de riesgos de trabajo y con la Empresa de Servicios Públicos de Heredia.

Los heredianos aficionados que se presentaron al partido contra el Saprisa el pasado 13 de octubre, bramaban insultos hacia el dueño del equipo y hacia Vergara también. ¿Vergara? ¡Sí, el mismo de las Chivas! Y es que hasta hace un año Jorge Carlos Vergara Madrigal fue el dueño del equipo Saprisa y es evidente la rivalidad futbolera, el recelo y el resentimiento contra el futbol mexicano por parte de los pamboleros costarrisibles diría Carlos Cortés en sus novelas o costarrisueños que acuña en alegoría Pablo Pérez-Cano periodista mexicano.

El futbol va a todos lados. León XIII es un precario o colonia marginal caracterizado por la violencia y delincuencia, donde también los jóvenes son pamboleros y juegan a la mejenga o futbol calle, mientras otros fabrican sus armas caseras o chizas. Es característico el corte de cabello de mohicano, los tatuajes y los piercings.

En común con México, también está presente el tema de la migración. La migración nicaragüense, colombiana y dominicana en Costa Rica, se ve sobre todo en estas zonas precarias.   La mayoría de los migrantes son nicas de Nicaragua y la discriminación y la xenofobia están presentes en todo el país. El orgullo tico es quizá la consecuencia de que en la historia la convivencia de etnias fue escasa. La población indígena es casi nula, sólo el uno por ciento, al igual que chinos, y otras razas, luego el 3 por ciento de población negra y 94 por ciento de blancos y mestizos.

En situación de calle puede encontrarse el fenómeno de la aldea global de Hitler, muchas nacionalidades comparten las banquetas. Y a pesar de que la causa es multifactorial, de amplia relevancia es el salario mínimo, el poder adquisitivo y el costo de la renta para una vivienda. Actualmente el salario en promedio que recibe una empleada doméstica es de 250 dólares, la renta de un cuarto puede encontrarse en 150 dólares. Pero el poder adquisitivo deshace por completo esa armonía.

-         Vaya a pedirle a San Pedro o a su abuela que lo acojan. Aquí no queremos más indigentes.

Desgañita un policía de la Fuerza Pública de mirada fascista, golpeando un local de metal, dirigiéndose a doña Virginia Araya y a su hijo Álvaro Fuentes que descansan cubriendo su salud del frío con cartones. 

Llegaron de Alajuela para ir al hospital a que atendieran a Virginia un padecimiento en las piernas llamado flebitis, que la mantiene en silla de ruedas a sus 65 años. Sus manos tiemblan y en su piel fría se siente el nerviosismo que expresa su voz cortada. Trata de explicar que querían descansar, cuando la golpearon en la cabeza. Un guardia del banco en la calle central les dijo que no podían quedarse en ese techo luego de que con el tolete golpeó sobre el cartón. Y por eso se movieron de banqueta con sus hogares improvisados.

Virginia Araya Noviembre 2012


CostaNica es un país muy variado, aspira a una ciudad europea, pero también impregnada de culturas que los migrantes latinos han importado. En algunos locales, por ejemplo,  hay tiendas colombianas donde destaca un letrero “Jeans levanta colas” y tienen tallas y modelos muy amplios. O el arrastre de las erres es tan peculiar de un tico del Valle Central que los hace sentirse orgullosos. Se ha justificado que fue la deficiencia que tuvo la educación primaria y la ausencia del “rápido corren los carros del ferrocarril” que sí enseñan en España y México, pero el constante paso de migrantes también pudo colaborar en este deslizamiento sensual de la erre al hablar y el enriquecimiento de la gastronomía, la cultura y el trabajo que han desempeñado los migrantes y que mantienen a Costa Rica como un país erguido en medio del continente americano.

lunes, 28 de enero de 2013

Cielos perdidos de hogaño

Perder un vuelo seduce el grito de un niño, lo potencializa en el estómago cuando el itinerario ya es sagrado. 

Los infinitos requisitos para abordar un avión conspiran para asegurar las ataduras, las anclas y los apegos que se  quedan en el aire. 

Un grito de júbilo, una pifia en los cálculos, un entrañable suspiro por el cumpleaños, un abrazo y el bosquejo de un propósito truncado

Luego todo se concreta y al cielo se le va apagando lo escarlata  y cae entonces el astro color mármol abrazando las incertidumbres de mortales... carcajadas y deliro alrededor de los borrachos segundos, embelesados, morfinómanos...

martes, 18 de diciembre de 2012

Migración hacia el sur


EL SUEÑO CENTROAMERICANO


Costa Rica

Costa Rica, en Centro América, bombea y late con mucha paz, en su respiración uno puede perderse como meditando. Es uno de los países más tranquilos que pueden encontrarse, dicen sus propios habitantes y se yerguen de ello. Los ticos son la parte predominante de la población. Pero los nicaragüenses o nicas se han derramado hacia el sur de Centroamérica.




Y no son sólo los nicas. Del total de inmigrantes en Centroamérica, el 58.5 % está en Costa Rica, 16.2 % en Panamá y los otros países albergan menos de un 10 %. Costa Rica es un país que sostienen los migrantes, “sin ellos, Costa Rica desaparecería”, apasionada confiesa Karina Salguero Moya, costarricense editora de la revista Orsai. Y es que son ellos en mayoría quienes cubren los empleos de servicio.





Uno de los lugares dónde más se puede observar la migración es en las calles. Los indigentes se esparcen por las arterias de las ciudades y se aferran al asfalto, inertes, en posición fetal y con cartones o telas se cubren del clima. Todos ellos esperando una oportunidad de vivienda, de trabajo o de vida. Muchos más ya adaptados al modo de vida también se recuestan por las avenidas o en alguna banca.





Los cuadros, la Carpio y la León XIII, son ejemplos de los precarios o zonas marginales de San José donde, según los costarricenses de a pie, no entra la policía, ni ambulancias, ni bomberos. Colonias de chinos, dominicanos, nicaragüenses, salvadoreños y colombianos principalmente permean en estos sectores. La mayoría son costarricenses, pero como sucede en la Carpio, los jóvenes ticos que ya nacieron en el país, son hijos de papás que fueron migrantes.

Suyapa Cuadros es la encargada de un proyecto en el distrito número 4 del cantón Tibas en León XIII, "el precario más conflictivo a nivel nacional con dificultades de drogadicción, violencia, analfabetismo y delincuencia". asegura Suyapa. Es la Asociación de Cultura y Recreación León XIII donde se imparten talleres de futbol, rap y pintura, entre otros. A las tres de la tarde el parque central está lleno de niños, adolescentes y jóvenes. Entran y salen en relevos a la explanada de cemento y a la cancha desgastada por el uso de los futbolistas y basquetbolistas leontreceños. Ahí los más pequeños juegan a contar chistes sobre nicaragüenses que los vecinos nicas ya tienen superados. Chistes como:

-          ¿Por qué los niños nicas se asustan cuando tienen diarrea?  Porque creen que se están derritiendo.

-          ¿Cómo reconocer a un nica en clase? Porque es el que borra el cuaderno cuando borran la pizarra. Y ¿En un funeral? Porque es el único que lleva regalo.


La xenofobia es muy notoria y la desconfianza por lo extranjero no es exclusiva en Costa Rica. En cualquier lugar del mundo los migrantes son un objeto de burla, los locales legitiman el territorio y ridiculizan al foráneo.



Alan (seudónimo) de 16 años, quien pide proteger su identidad, confiesa que la primera vez que disparó un arma fue a los 13 años, en venganza porque apuñalaron a un primo suyo. “yo estaba muy chamaco, me la quería jugar de héroe y compré en 60 mil colones (30 USD) una nueve milímetros, le pegué el balazo a esa persona y ya después la volví a vender en 80 mil colones (40 USD)”. Confiesa temeroso por la incertidumbre de mantener anónima su identidad. A su edad, ha consumido mariguana, piedra y cocaína. “Heroína me inyecté una vez también” comenta y se aparta de la grabadora al escuchar las primeras balas al aire. “No habrá problema, como saben que en este parque hay niños, aquí no se meten” manifiesta mientras se hinca en la tierra junto a la banca de cemento en la que estaba sentado y se ríe “por si las moscas acá me escondo”. Habían quemado “al cuello”, uno de los asaltantes más conocidos de la León XIII. El verbo quemar es muy común en los precarios, y manifiesta una bala en el pie.

14 Balazos en un ruido uniforme provoca que la gente se asomara tras la malla del parque y comienzan los rumores. Mientras, la mejenga o futbol calle sigue. Los jóvenes cambian constantemente. Unos de condición física excelente, otros no tanto. Los más grandes juegan sucio, golpean y agreden. Oscar uno de los mejores, es el más pequeño, tiene 11 años y también ha probado la mariguana y ha visto armas en manos de sus hermanos.



Giovanni es un adolescente de 15 años pero si ignoramos el acné de su rostro aparenta 18. Su temperamento es suave y muy plácido. Desde los 11 años fumó mariguana y a los 12 ya artesano fabricó sus propias armas. “Las chizas son armas caseras, se arman con tubos de hierro y con una pistolita de esas de balines, se le pone el tubito y con un resorte y un fierrito filoso de esos de construcción o con partes de bicicleta se dispara. Con eso puedes matar a una persona”. Cuenta Giovanny con sosiego y reconoce que a los 12 años había ya tenido en sus manos pistolas de 9, 32 y 38 milímetros, salía a las calles del centro de San José y asaltaba, robaba celulares y en los autobuses amenazaba con el arma para que le entregaran la plata. “pero yo era un chamaco y de chamaco uno comete muchos errores, ahora quiero estudiar computación para poder tener un feisbuc”. Expresa y se estremece cubriendo con gestos de orgullo su vergüenza.



En el parque La sabana los equipos de los precarios León XIII y la Carpio  juegan al futbol, unos uniformes  que disfrazan su condición embellecen y le dan estilo a los, tatuajes, los percings y las lisas y apelmazadas mohicanas que peinan con gel. El verde campo costarricense, de tamaño ilegal enmarca y esconde también las condiciones conflictivas que estos jóvenes enfrentan. Lo único que es evidente además de los ornamentos que adornan sus rostros y cuerpo, es su estilo de lucha libre dentro del partido. Los jugadores de la Carpio, no quieren continuar con el segundo tiempo; “todos estamos ya muy golpeados por sus jugadores”  Le dice Antonio -nicaragüense- el líder del equipo, al capitán de León XIII que hasta este momento había sido el árbitro. Y entonces terminó. Se recostaron al pasto verde, bebieron agua y antes de partir se buscaban entre ellos un celular que había sido robado. Y sin resolverlo, partieron.